domingo, 5 de julio de 2015

El derecho y la ley en una película del oeste




Josey Wells era un granjero de un Estado del sur de los EEUU que no se enroló con los confederados durante la guerra de secesión al iniciarse esta. En el curso de esa guerra los botas rojas del norte asesinaron a su mujer y a sus hijos, motivo por el que finalmente decidió alistarse para combatir a los asesinos de su familia. Al terminar su tropa fue invitada a firmar el armisticio, Wells no acudió por no fiarse, y pensando mal, acertó: todos sus compañeros fueron ametrallados nada más estampar su firma.

Los botas rojas, sabedores de que Wells seguía vivo emprendieron una persecución contra éste. Durante su huida Wells se encontró con un indio de Las Naciones Civilizadas y una familia de Kansas que detestaba a los casacas grises, soldados del sur. Esta familia fue secuestrada por los comancheros para venderla a los comanches como esclavos. Josey Wells acudió en auxilio de esta familia y la rescató de los comancheros venciéndoles al modo que sucede en las películas del lejano oeste.

Finalmente Josey Wells, el viejo indio con su chucho y la familia de Kansas, con su anciana a la cabeza, decidieron refugiarse en la casa del fallecido marido de ésta, que estaba en territorio comanche. Nada más llegar los comanches atacaron la casa. El ataque fue repelido, pero sus nuevos habitantes sabían que los comanches volverían a la carga.

Entonces Josey Wells tomó una decisión temeraria: presentarse ante Diez Osos. Su nueva familia pensaba que iba a batirse en duelo contra toda una tribu de indios. Sin embargo, éste fue el desenlace, que llegado al campamento, tras presentarse uno y otro, Diez Osos invitó a Josey Wells a marchar, obteniendo la negativa de éste. –Entonces morirás-, espetó Diez Osos.

Es aquí es donde comienza esta escena, que refleja fielmente el origen disperso del derecho fundado en el pacto de no agresión, en la sujeción a sus reglas y en el principio de reciprocidad:

JOSEY WELLS.- He venido aquí a morir contigo o a vivir contigo. A ti y a mí no nos asusta la muerte. Es difícil la vida cuando los seres que más has querido han sido violados o asesinados.

No son los gobiernos quienes conviven, son las personas. De los gobiernos no se recibe una palabra justa, ni la lucha es justa.

Yo he venido aquí a ofrecerte o a recibir una cosa u otra de ti.

He venido para que sepas que mi palabra de muerte es cierta y que mi palabra de vida también es cierta.

Aquí vive el lobo, el oso, el antílope, el comanche, y nosotros también viviremos aquí. Tendremos sólo lo necesario para subsistir como hace el comanche. Y en primavera cuando la hierba se vuelve verde y el comanche se traslada al norte, podrá descansar aquí y llevarse carne de nuestro ganado y buey seco para el viaje. El signo del comanche lo pondremos en la puerta de nuestra casa. Esa es mi palabra de vida.


Josey Wells plantea un dilema: sujetarse a unas reglas del juego o a otras, las de la paz o las de la guerra. Esto no es nuevo, el derecho germánico arcaico de los tiempos del Imperio Romano, giraba en torno a estos dos conceptos: la fried y la faida (paz y guerra, confianza y desconfianza, amistad y enemistad). Planteaba dos posibles situaciones sociales: las del juego de la guerra y las del juego de la paz, del comercio. Tampoco esta forma de ver el derecho, que es como fue apareciendo a lo largo de la historia y de lo ancho del planeta es exclusiva de los germanos. Allí donde dos personas renuncian a lograr sus objetivos empleando métodos hostiles y prefieren comerciar, aparece el derecho.

En los primeros párrafos Josey Wells propone la sujeción a un tipo de reglas del juego: las de la paz (mi palabra de vida), dejando claro que su alternativa era la guerra (mi revólver y tus rifles).

En el último párrafo de su intervención explica a Diez Osos el contenido de las reglas del juego de la paz,.

DIEZ OSOS.- ¿Y tu palabra de muerte?

JOSEY WELLS.- Mi palabra de muerte está en mi revólver y en tus rifles. Aceptaré una cosa u otra.


Pregunta estúpida la de Diez Osos, pues ya lo había dicho Josey Wells, por lo que le aclara, que su palabra de muerte es la guerra (“está en mi revólver y en tus rifles”, los que compraron a los comancheros).

DIEZ OSOS.- Esas cosas que dices que nos darás ya las tenemos.

JOSEY WELLS.- Es cierto. Yo no prometo nada excepcional. Sólo os ofrezco la vida y tu nos ofreces la vida. Te aseguro que los hombres pueden convivir sin matarse los unos a los otros.

Y no es otra la finalidad del derecho, entendido como las más elementales reglas de la justicia,, que la de garantizar la paz entre las personas, sujetándose al pacto de no agresión; dejando claro que quien se salte sus reglas debe quedar fuera de juego, todo ello girando también en torno al principio de reciprocidad y al derecho a la legítima defensa cuando las autoridades encargadas en garantizar la “paz jurídica” no pueden llegar a tiempo,

DIEZ OSOS.- Es triste que las palabras de los jefes de gobierno sean falsas.

En tus palabras de muerte hay hierro: todo comanche puede verlo. Y también hay hierro en tus palabras de vida. Ningún papel firmado puede impedir que hable el hierro de los hombres.

La palabra de Diez Osos lleva el mismo hierro de la vida y de la muerte. Es bueno que guerreros como nosotros nos encontremos en la lucha con la vida o la muerte.

Será la vida.


Finalmente Diez Osos. Redondeando la intervención de Josey Wells, declara algo que es cierto, y que desmonta en gran parte los postulados del positivismo jurídico: la distinción entre la ley y el derecho. La ley como acto político de un gobierno (o de un parlamento) repleta de reglamentaciones y la más pura idea del derecho, de lo justo, basado en un deseo de convivir en paz, viviendo cada cual a su manera: el pacto de no agresión

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